El suministro de gas natural de Rusia a Ucrania: paradojas de un divorcio pacífico

Autor: Eric Pardo, Universidad de Deusto

ISSN: 2531-0569

Nº: 6/2017 (11 de septiembre)


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Resumen:

  • Las relaciones energéticas Rusia-Ucrania se han caracterizado por una elevada conflictividad desde el fin de la URSS.
  • Las crisis energéticas han estado ligadas a las que se producían en las relaciones políticas, como la Revolución Naranja en 2006-2009.
  • Pese al temor a las consecuencias del Euromaidán para el abastecimiento energético de Ucrania, no se ha producido esta vez una nueva “crisis del gas”.
  • Esta paradoja se explica por el progresivo divorcio entre Rusia y Ucrania en sus relaciones energéticas.

Palabras clave: Rusia, Ucrania, energía, gas natural

Abstract:

  • Russia-Ukraine energy relations have been characterized by a high level of conflict since the end of the USSR.
  • Energy crises have been linked to those that occurred in political relations, such as the Orange Revolution in 2006-09.
  • Despite some fears about the consequences of Euromaidan for Ukraine’s energy supply, this time there has not been a new “gas crisis”.
  • This paradox is explained by the gradual divorce between Russia and Ukraine in their energy relations.

Keywords: Russia, Ukraine, energy, natural gas

Relaciones energéticas entre Rusia y Ucrania: una historia conflictiva

Las relaciones energéticas entre Rusia y Ucrania nacieron marcadas por el conflicto desde el fin mismo de la URSS. La República Socialista Soviética de Ucrania, territorio con gran producción de gas natural, vio cómo sus recursos se consumían debido al patrón soviético de sobreexplotación de los yacimientos; lo cual dejó a Ucrania con un alto grado de dependencia de su nuevo vecino, la Federación Rusa. El colapso industrial mitigó en parte esta dependencia, aunque sin modificar sustancialmente tal patrón.

A esa primera herencia se unía una segunda, a saber: los precios altamente subsidiados para la energía. La transición a precios de mercado con el petróleo se realizó rápidamente; sin embargo, el gas natural era un capítulo mucho más sensible, ya que de él dependía en alto grado el consumo de calefacción de la población local. Además, la competitividad de la obsoleta industria pesada ucraniana dependía en gran medida del mantenimiento de precios bajos.

Así, desde el momento de sus independencias Ucrania y la Federación Rusa mantuvieron disputas en numerosas ocasiones, con constantes deudas, extracciones ilegales de gas y cortes de suministro. Hay que tener en cuenta un hecho capital, y es que los suministros de gas natural de Ucrania transitaban por los mismos gasoductos que, cruzando el país, abastecían aún por aquel entonces a la inmensa mayoría de clientes del resto de Europa. Ucrania tenía casi un monopolio como país de tránsito, con alrededor del 80%-90% de los suministros hacia la UE y Turquía. Esta situación permitía que ante desavenencias en materia de precios o por causa de deudas pendientes, Ucrania respondiese a cualquier corte de suministro extrayendo gas natural en tránsito a través de su territorio, con las consecuentes perturbaciones del abastecimiento a terceros países.

En este marco, Ucrania pretendía mantener los precios por debajo del mercado; mientras que, por su parte, la Federación Rusa buscaba naturalmente imponer precios de mercado que convirtieran las exportaciones a Ucrania en un negocio lucrativo. A este tenso modelo de relaciones vino a unírsele un nuevo elemento propio de la etapa postsoviética, generando mayor complejidad aún: la politización. Aunque el monopolio estatal ruso Gazprom podía aceptar la concesión de precios por debajo de los del mercado hacia administraciones políticamente afines en mayor o menor grado, la Revolución Naranja del 2004 trajo un cóctel explosivo: una combinación de precios de mercado muy elevados con una presidencia considerada por Rusia como hostil. Resultado de ello fueron las dos disputas energéticas más sonadas, las de enero de 2006 y enero de 2009, en las cuales las desavenencias en materia de precios y deudas llevaron a cortes de suministro por parte de Gazprom; provocando de tal manera alteraciones en el flujo hacia el resto de Europa.

El Euromaidán y los últimos episodios de disputa

En el momento de escribir estas líneas, las relaciones contractuales entre Gazprom y su homóloga ucraniana Naftogaz se rigen por el contrato que firmaron en enero del 2009, poniendo fin precisamente a la disputa energética de ese año. En ese contrato, Gazprom logró su objetivo, podríamos decir, con creces. En efecto, Naftogaz paga ahora precios de mercado, indexados —tal y como suele ser la norma en los contratos a largo plazo de Gazprom— a la fluctuación del precio del crudo. Aun siendo ello lo común con el resto de sus clientes europeos, la verdad es que la compleja fórmula de cálculo acordada en aquella ocasión pone en clara desventaja a Ucrania: sus precios son a menudo más altos que los abonados por Alemania, país que por su mayor lejanía debería pagar más.

La politización de las relaciones energéticas mitigó este elemento en abril del 2010, con los Acuerdos de Jarkiv firmados por los respectivos presidentes, Víktor Yanukóvich y Dmitri Medvedev. Se acordó una rebaja del 30% a cambio de prorrogar el acuerdo que permitía a la Flota del Mar Negro de la Armada rusa emplear la base de Sebastopol, en la península de Crimea[1]. A pesar de esta rebaja, Ucrania siguió pagando unos precios mucho más onerosos que antes.

En diciembre del 2013, la Federación Rusa ofreció una nueva rebaja, este vez de un tercio, a cambio de que Ucrania no firmase el acuerdo de libre comercio (DCFTA) con la UE, que haría incompatible su pertenencia al proyecto de integración que Moscú impulsaba: la Unión Eurasiática. Este descuento se hizo efectivo en el primer trimestre del 2014. Sin embargo, Gazprom pronto lo retiraría, a partir de abril mismo, pues las circunstancias habían cambiado radicalmente en Kiev tras haber sido depuesto Yanukóvich. Al negarse Ucrania a pagar los nuevos precios, Gazprom acabó cortando los suministros en junio del 2014. Hay que entender que Rusia no solo decidió poner fin a la rebaja acordada en diciembre del 2013, sino también a la de abril del 2010: la razón —espuria a todas luces— era que, con la anexión a la Federación Rusa de la ciudad de Sebastopol y el resto de Crimea, había decaído automáticamente el acuerdo sobre la base.

Un acuerdo provisional, firmado en septiembre de ese mismo año con mediación de la Comisión Europea, y retocado el mes siguiente, permitió que los suministros se restableciesen en diciembre. Durante los meses posteriores, en materia de precios se aplicó por defecto el statu quo ante previo a los acuerdos de diciembre del 2013. El conocido como “paquete de invierno” expiraba en marzo del 2015; ante la falta de un nuevo acuerdo, se prorrogó el anterior para el segundo semestre recalculando los precios del gas natural a la baja, lo que era natural dado que el del petróleo se estaba derrumbando.

Sin embargo, con la llegada del tercer trimestre, Gazprom ofreció los mismos precios que el semestre anterior, pretendiendo no hacer repercutir las nuevas bajadas en los precios del crudo. Este nuevo desacuerdo llevó a una nueva suspensión de suministros rusos, siendo esta vez Naftogaz quien simplemente se negó a realizar el pago y, por tanto, a recibir gas natural de Gazprom. Se alcanzó finalmente un acuerdo para el cuarto semestre y los suministros se reanudaron hasta noviembre del 2015; momento en el cual Ucrania rechazó de nuevo importar gas de Rusia.

Un divorcio no declarado

Parece sorprendente la cantidad de meses en los que Ucrania se mantuvo sin suministros rusos de gas. ¿Cómo pudo sobrevivir durante tanto tiempo?

Esto se debía en gran parte a factores estructurales. En primer lugar, el consumo durante los meses de verano y otoño era necesariamente menor. En segundo lugar, la ocupación de los gasoductos que atraviesan Ucrania era igualmente menor, debido a que desde el 2011 Gazprom redirigió parte de los suministros a través del gasoducto Nord Stream, que cruza el mar Báltico y conecta directamente a Rusia con Alemania. Dada esta mayor disponibilidad de espacio, Ucrania no lo tenía demasiado difícil para invertir el bombeo de parte de los gasoductos y así extraer gas natural de sus depósitos situados en su frontera occidental, en dirección oeste-este.

La estrategia ucraniana era arriesgada, pues el gas natural situado en esos depósitos se suponía disponible para el invierno, con el fin de inyectarlo en el sistema de gasoductos en momentos de gran demanda; unos depósitos más vacíos para el próximo invierno auguraban posibles carencias de suministro. Sin embargo, esta no era la única fuente posible de abastecimiento, pues Ucrania empezó a importar gas natural desde donde menos se hubiese sospechado unos meses antes: de la Unión Europea, principalmente, de Eslovaquia, Hungría y Polonia. Esto se veía posibilitado por la ya mencionada disponibilidad de espacio en los gasoductos, por el menor consumo de países de Europa Central —lo cual les dejaba con mayores suministros de lo que su demanda podía absorber— y por el diferencial de precios entre Ucrania y sus vecinos occidentales. Se daba la paradoja de que este gas, que también procedía en su origen de Gazprom, era menos costoso que los precios abusivos que pagaba Ucrania según el contrato de enero del 2009, aunque fuera por un margen escaso.

Por tanto, mientras que en 2015 Ucrania tenía que importar 16.400 millones de m3, de los que 6.100 (37%), eran comprados a Gazprom—, para el 2016 —habiendo rebajado el volumen de sus importaciones a 11.100 millones pudo prescindir de Rusia y recibir el 100% sus suministros de otros países de Europa. Ucrania no ha importado gas natural ruso desde noviembre del 2015.

Se trata de una espectacular caída en comparación con la evolución anterior: en 2014 Ucrania todavía necesitaba 14.500 millones de m3 de gas natural ruso, y 40.000 millones en 2011. Como se puede observar en los datos de Naftogaz, independientemente de la caída de las importaciones rusas, también disminuye el volumen total debido a la brutal caída en el PIB ucraniano, así como por el aumento de la eficiencia energética. A esto se añade el que quizá es el factor principal: la sustitución de gas natural por carbón, de la que Ucrania tiene elevadas reservas. Por otra parte, no hay que olvidar el hecho de que las regiones separatistas del Donbás —amén de la anexionada península de Crimea— se hayan llevado consigo una considerable población y tejido industrial, a los que ahora suministra directamente Gazprom.

Tal y como se podría suponer, las importaciones de gas natural de países de la UE no han hecho más que subir según bajaba la proporción de gas ruso. Si en 2013 se trataba de una cantidad testimonial, en 2015 superaba ya al gas ruso, con 10.300 millones de m3. En 2016, como hemos señalado, la UE cubría la totalidad de las importaciones ucranianas de gas.

Conclusiones

Al tiempo que Ucrania parece haber consumado su divorcio con Gazprom, Rusia intenta hacer lo mismo con la expansión del Nord Stream y la construcción del Turkish Stream a través del mar Negro, proyectos que permitirán reducir el tránsito a través de Ucrania. Por lo pronto, todo ello explica la paradoja de que, ante un empeoramiento sin parangón de las relaciones entre Rusia y Ucrania en los últimos años, el elemento perturbador de las disputas energéticas se haya reducido de forma radical, ahuyentando el espectro de una nueva crisis energética que afectase a los ciudadanos de la UE.

Si se mantiene este patrón de consumo en Ucrania, y Rusia es capaz de llevar a buen término sus proyectos de diversificación de tránsito, el triángulo energético Rusia-Ucrania-UE se habrá disuelto definitivamente; y el paradigma de conflictividad bilateral y externalidades en forma de fallos de suministro para terceros países será cosa del pasado.

Notas

[1] Tras el derrumbe de la URSS, ambos países habían tardado años en discutir el reparto de dicha Flota. La mayor parte pasó a pertenecer a Rusia, quien aceptó pagar a Ucrania por el permiso de seguir utilizando la base naval de Sebastopol, ahora en territorio soberano ucraniano. Este asunto era fuente de elevadas tensiones: Ucrania llegó a amenazar en 2008 —durante la guerra entre Rusia y Georgia— con limitar la acción de la Flota o incluso anular el acuerdo.

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Las opiniones expresadas en estas publicaciones son propias de los autores, y no representan necesariamente la posición de GEurasia.

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