Sembrando vientos en Macedonia: el desmoronamiento del VMRO-DPMNE

Autor: Alejandro Esteso Pérez, Universidad de Malmö

ISSN: 2531-0569

Nº: 3/2018 (29 de noviembre)


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Resumen:

  • El VMRO-DPMNE, partido en el gobierno de Macedonia desde 2006, había entrado en una deriva iliberal durante sus años en el poder.
  • En 2015, un escándalo de escuchas ilegales supuestamente ordenadas por el gobierno desencadenó protestas sociales sin precedentes en todo el país.
  • Las elecciones parlamentarias anticipadas de 2016 fueron ganadas por el VMRO-DPMNE, que no consiguió formar gobierno.
  • Dos años después de su derrota, el partido lucha por recuperar su popularidad y reorganizarse.

Palabras clave: elecciones, iliberalismo, Macedonia

Abstract:

  • The VMRO–DPMNE, Macedonia’s ruling party since 2006, had become progressively illiberal during its years in power.
  • In 2015, a government-brokered wiretapping scandal triggered unprecedented country-wide social unrest.
  • An early parliamentary election was called for in 2016 and won by the VMRO–DPMNE, which failed to form a government.
  • Two years after its defeat, the party is struggling to regain popularity and piece itself together.

Keywords: elections, illiberalism, Macedonia

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Las elecciones parlamentarias de diciembre de 2016 fueron un punto de inflexión en la historia política reciente de Macedonia. Además de sufrir dos cambios de fecha, fueron precedidas por oleadas de acusaciones agresivas entre gobierno y oposición. Tras las protestas sociales que salieron a las calles, se produjo una intervención política dirigida por la Unión Europea. Las elecciones supusieron para el partido derechista del exprimer ministro Nikola Gruevski, Organización Revolucionaria Interna de Macedonia – Partido Democrático para la Unidad Nacional Macedonia (VMRO-DPMNE, en adelante VMRO), la pérdida de diez diputados en la Sobranie (Asamblea), dejándolo con 51 escaños de un total de 120. También les privó de la oportunidad de continuar en el gobierno durante otra legislatura de cuatro años.

Finalmente, tras meses de parálisis y negociaciones, el partido de centroizquierda tradicionalmente en la oposición, la Unión Socialdemócrata de Macedonia (SDSM) liderada por Zoran Zaev, logró reunir una mayoría parlamentaria y convertirse así en el nuevo grupo en el poder, con el apoyo de los partidos de la etnia albanesa, entre los que se encontraban aliados tradicionales del VMRO. La aprobación de la Sobranie a una coalición liderada por el SDSM el 31 de mayo de 2017 significó la superación de un bloqueo político que había atenazado al país durante meses, poniendo fin al mismo tiempo al gobierno que Gruevski había ejercido de forma cada vez más iliberal durante una década.

Existen diferentes interpretaciones de por qué el VMRO sufrió un golpe tan duro en las elecciones parlamentarias de 2016. Una parte de las causas directas se había estado gestando mucho antes de la votación, y hacía prever un descenso abrupto del apoyo de los votantes. Otros actores dieron la espalda al partido solo después de que se anunciaran los resultados oficiales de las elecciones. Este artículo argumenta que la naturaleza crecientemente iliberal del gobierno del VMRO y Gruevski puede explicar en último término su derrota; a lo que se unen los papeles desempeñados por los movimientos nacionales anticorrupción y por la UE. También se destaca la labor crucial de los partidos étnicos albaneses con representación en la Sobranie, de cara a la formación de la coalición y posterior expulsión del VMRO del gobierno. Por último, se explora el estatus actual del VMRO como principal partido de la oposición en Macedonia.

Auge y caída del VMRO

La historia de la República de Macedonia desde su independencia de Yugoslavia en 1991 no puede contarse sin mencionar al VMRO como uno de los principales actores de la arena política. Fundado en 1990, la razón de ser del partido en el momento de su nacimiento era el futuro logro de la independencia macedonia. Sus siglas proceden de la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia (VMRO), un movimiento rebelde del siglo XIX que protestaba contra el control otomano; fueron adoptadas deliberadamente por los fundadores del partido con el propósito de resucitar los valores de la soberanía nacional y la independencia respecto de Yugoslavia. En un principio se concibió como demócrata cristiano, de centroderecha; aunque después comenzó a virar hacia el nacionalismo de derechas.

El VMRO participó en las primeras elecciones pluripartidistas de Macedonia, en 1990, y gobernó entre 1998 y 2002. Tras este mandato de cuatro años, que fue seguido por un paréntesis con el SDSM en el poder, el partido ganó de nuevo las elecciones en 2006, liderado por el joven y prooccidental tecnócrata Nikola Gruevski. A partir de un programa nacionalista y conservador, dirigido al electorado de etnia macedonia, Gruevski mostró un firme compromiso con la entrada en la UE y la OTAN. Apeló a los votantes desencantados con el SDSM, condenando la corrupción del gobierno anterior y su incapacidad para impulsar la economía (Crowther, 2017: 749). Un año más tarde, en 2007, el VMRO se convirtió en miembro observador del Partido Popular Europeo (PPE); una clara señal de las aspiraciones de Gruevski de promover la imagen de una Macedonia cada vez más moderna y orientada al futuro, tanto en el ámbito interno como externo.

Durante sus años como primer ministro, Gruevski abrazó progresivamente una agenda nacionalista, apelando a los sentimientos de los ciudadanos de etnia macedonia; dejando claramente de lado a la minoría albanesa, que representa aproximadamente la cuarta parte de la población.  Partiendo de un concepto de la nación étnicamente excluyente, Gruevski empleó métodos para distraer al electorado de los problemas económicos del país. Al mismo tiempo, sus posibilidades de entrar en la UE y la OTAN se redujeron; con lo cual el grado de rendición de cuentas del gobierno hacia Bruselas también se hizo cada vez más limitado (Crowther, 2017: 750).

Además de impulsar la mera exaltación nacionalista, las decisiones políticas de Gruevski se fueron alejando lentamente del modelo de la democracia liberal, para adoptar cada vez más tendencias iliberales. No solo atacó la independencia de las ONG y otros grupos defensores de los derechos humanos, críticos con el gobierno; también intentó controlar los medios de comunicación, reducir la autonomía judicial y manipular las elecciones. El gradual deterioro de los valores democráticos liberales ponía en peligro el Estado de Derecho en Macedonia, como advirtió la Comisión Europea en un informe de 2015.

Pese a su clara victoria en las elecciones parlamentarias de 2014, la maquinaria iliberal del gobierno del VMRO se vio obligada a dar un rodeo en su camino hacia la plena captura del Estado. En mayo de 2015, el líder del SDSM Zoran Zaev hizo público que el ejecutivo de Gruevski había orquestado unas escuchas ilegales a 20.000 teléfonos, espiando las conversaciones privadas de políticos, jueces y otras importantes personalidades (Reef, 2017: 171-172). Las grabaciones también revelaron que las autoridades habían intentado encubrir el asesinato en 2011 del joven de 22 años Martin Neskovski, golpeado hasta la muerte por un policía; un trágico suceso que ya entonces había dado lugar a manifestaciones multitudinarias en Skopje, en protesta contra la brutalidad policial.

El escándalo de las grabaciones fue la gota que colmó el vaso. Grandes multitudes se echaron inmediatamente a las calles en Skopje en señal de protesta, exigiendo la dimisión de Gruevski y su gobierno. Las movilizaciones masivas continuaron durante días, sin una solución clara a la crisis, hasta que intervino la UE. Su mediación se demostró fructífera en los meses siguientes: Gruevski cedió el poder a comienzos de 2016 a un gobierno compuesto por miembros del VMRO y del SDSM. Esta era una de las principales condiciones incluidas en el llamado Acuerdo de Pržino, que además fijó elecciones parlamentarias anticipadas para el 24 de abril —después aplazadas al 5 de junio— como salida al bloqueo.

Otra oleada de protestas masivas se extendió por el país a mediados de abril de 2016, lo que cuestionó nuevamente la transparencia y legitimidad del VMRO. El presidente de Macedonia —jefe del Estado— Gjorge Ivanov, miembro del VMRO, anunció el indulto de todos los cargos del partido implicados en el escándalo de las escuchas del año anterior. Como consecuencia, el movimiento de protesta llamado «Revolución Colorida» inundó las calles durante semanas en las principales ciudades, con el objetivo de desalojar a los dirigentes del VMRO que llevaban años aferrados al poder; así como asegurar que se continuara con el procesamiento de los responsables de las escuchas ilegales.[1]

Mientras tanto, la presión política iba en aumento a medida que se acercaban las elecciones de junio, con muy pocas probabilidades de que estas se celebrasen con las garantías necesarias. Por tanto, tras una nueva ronda de conversaciones entre los líderes de los principales partidos —con la mediación de la UE—, se decidió posponer las elecciones anticipadas por segunda y última vez. La fecha fijada fue el 11 de diciembre.

Cosechando tempestades: las elecciones de diciembre de 2016

Al final, el resultado de las elecciones dejó claro que el VMRO había perdido gran parte de sus apoyos. La distancia entre el bloque de Gruevski y su rival tradicional, el SDSM de Zaev, fue de solo dos escaños en la Sobranie: 51 a 49, una diferencia de menos de 20.000 votos (Fig. 1). Mientras que el propio VMRO había perdido 10 escaños con respecto a las anteriores elecciones parlamentarias, el SDSM había ganado 15. La Unión Democrática para la Integración (DUI), partido que representa a una gran parte de la minoría albanesa, y que había sido socio de coalición de Gruevski desde 2008, cayó de 19 a 10 escaños. El Movimiento Besa, la Alianza para los Albaneses (AA) —dos nuevos partidos que entraron en el parlamento en 2016— y el Partido Democrático de los Albaneses (DPA) consiguieron recoger entre ellos una parte considerable del apoyo perdido por la DUI.

Fig. 1. Distribución de escaños en la Sobranie tras las elecciones parlamentarias de diciembre de 2016

Fuente: Comisión Electoral Estatal de Macedonia

El recuento fue descorazonador tanto para los líderes del VMRO como para los del SDSM: mientras que el primero se jugaba mucho, intentando consolidarse más aún en el poder, el segundo esperaba un crecimiento de sus apoyos que le era fundamental para sobrevivir. Unas horas después, cuando se publicaron los resultados definitivos, y dada la cercanía en puntos porcentuales de ambos partidos, ambos oponentes se declararon victoriosos y se echaron a las calles para celebrarlo, creando una atmósfera de confusión e inquietud generalizadas. Parecía que unas elecciones diseñadas como solución a la crisis de los meses anteriores habían contribuido en cambio a aumentar las tensiones.

El primer paso en el desbloqueo de la situación política tras las elecciones fueron las negociaciones para formar una coalición, iniciadas por el VMRO al haber obtenido más escaños en la Sobranie. Sus consultas con el DUI, su tradicional socio albanés, resultaron más complicadas de lo esperado: varias semanas después de los comicios, el DUI se unió a una plataforma política inspirada por Albania y compuesta por todos los partidos étnicos albaneses representados en el parlamento macedonio. Esta plataforma planteó dos condiciones principales para renovar su acuerdo de coalición con el VMRO: primero, el reconocimiento del albanés como lengua oficial en todo el país, y no solo en las zonas donde se concentra la minoría albanesa; segundo, la continuación de las investigaciones sobre el escándalo de las escuchas ilegales del gobierno anterior. El rechazo de estas demandas por parte de Gruevski significó la ruptura de las negociaciones y la vuelta a la casilla de salida.

Después del fracaso del VMRO en su intento de crear una coalición, la oportunidad de formar gobierno pasó al SDSM de Zaev, segundo en número de escaños en la nueva Sobranie. De acuerdo con la Constitución macedonia, el presidente es la autoridad que supervisa el proceso de configurar un gobierno, encargando a cada uno de los candidatos que intente reunir una mayoría parlamentaria. Tras el fracaso de Gruevski, el presidente Ivanov se negó a encargar a Zaev formar gobierno si no presentaba pruebas de haber logrado ya esa mayoría.

La lucha del SDSM duró varias semanas, reconociendo el papel de bisagra de la plataforma albanesa e intentando lograr su apoyo. Para finales de febrero, Zaev había conseguido el respaldo de tres de los cuatro partidos de la plataforma, tras aceptar sus demandas de ampliar la oficialidad del albanés; lo cual le proporcionó la deseada mayoría. Sin embargo, una vez más Zaev se encontró con el rechazo del presidente Ivanov; el cual declaró que el acuerdo sobre el idioma albanés y las restantes peticiones podían acabar destruyendo el país, y llamó a la movilización ciudadana.

El gesto de Ivanov desató tensiones en todo el país; muchas autoridades nacionales e internacionales expresaron su preocupación por lo que parecía un intento de alargar sine die el conflicto. El presidente no cedió hasta dos meses después, aceptando las presiones internas y externas[2]; y tras un episodio de violencia en la Sobranie orquestado por activistas del VMRO, en un ejemplo de la histeria nacional alentada por varios meses de parálisis política. Finalmente, el 31 de mayo, Zaev tomó posesión como primer ministro con el respaldo del DUI y del AA, después de que el Movimiento Besa hubiera retirado su apoyo dos semanas antes de la votación en el parlamento.

La indignación del VMRO era evidente: habían sido derrotados tras casi medio año de intensas negociaciones para formar una coalición, y poniendo fin a una década de Gruevski en el poder. Como resultado de sus políticas cada vez más iliberales y el flujo constante de acusaciones de corrupción, la legitimidad del partido se fue erosionando y desgastando por las protestas ciudadanas, así como por la intervención de las autoridades de la UE. Su fracaso en las elecciones y pérdida de diez escaños en la Sobranie —tras los cuales el DUI, igualmente perdedor, le dio la espalda a la posibilidad de una coalición en un probable intento de lavar su imagen como anterior aliado de Gruevski— sentenció definitivamente al VMRO.

La reconstrucción del partido: el VMRO en la oposición

Casi dos años después de las elecciones, y tras más de un año de gobierno del SDSM, el VMRO está intentando reconstruirse poco a poco después de su caída. Entre los cambios más visibles, el secretario general en funciones Hristijan Mickoski fue elegido como nuevo líder en el congreso del partido de diciembre de 2017, en sustitución de Gruevski, tras la dimisión de este. El nombramiento se produjo después de las elecciones locales de octubre, en las que el VMRO perdió 51 de los 56 municipios donde gobernaba. Esto supuso un nuevo golpe en sus resultados electorales, que resaltaba la pérdida de sus tradicionales apoyos en todo el país.

Reinventarse y reforzarse de cara a los votantes se ha convertido en uno de los objetivos más apremiantes del VMRO tras su derrota. Gran parte de su papel como principal partido de la oposición en la Sobranie ha sido de enfrentamiento abierto con su enemigo SDSM. El principal asunto que ha potenciado al VMRO frente al gobierno de Zaev ha sido las negociaciones de este con Grecia sobre la «cuestión del nombre»: un conflicto diplomático que Skopje y Atenas llevan arrastrando desde la independencia de Macedonia en 1991. Grecia no reconoce el uso del nombre «Macedonia», argumentando que oculta ambiciones territoriales sobre la región septentrional griega del mismo nombre. Este enfrentamiento ha sido durante años el principal obstáculo para la adhesión de Skopje a la UE y la OTAN, dado el veto griego a admitir a su vecina con su nombre constitucional[3]. Sin embargo, en los últimos meses el gobierno de Zaev ha logrado encontrar una salida negociada a la disputa con su homólogo griego, recogida en los Acuerdos de Prespa.

El referéndum consultivo del 30 de septiembre, que se celebró como consecuencia de estos acuerdos —y en el que se preguntó implícitamente a los votantes si aceptarían las enmiendas constitucionales que cambiarían el nombre del país, erga omnes, a Macedonia del Norte— fue boicoteado por el VMRO-DPMNE. El plebiscito no alcanzó la participación mínima necesaria para ser válido, lo que fue interpretado como una victoria por los seguidores de Mickoski.

En todo momento, el VMRO se ha presentado como el máximo defensor de los intereses nacionales, posicionándose en contra del acuerdo con Grecia; el cual han definido como una amenaza contra la identidad, cultura e integridad soberana del país. Los Acuerdos de Prespa, según ellos, serían una humillación en la que Zaev —presentado retóricamente como un traidor a la nación— habría implicado a los macedonios. Para el VMRO, todo es parte de un plan que comenzó cuando el SDSM llegó al poder, tras ceder a las demandas de la plataforma albanesa.

A día de hoy, el VMRO es el único partido con representación parlamentaria que no acepta los acuerdos con Grecia. Este cisma en la cámara se ha trasladado a la sociedad, con el electorado del VMRO en contra de los acuerdos, y los votantes del SDSM —y de todos los partidos albaneses— defendiendo su entrada en vigor.  Se trata de un nuevo episodio de política partidista convirtiéndose en fractura social, y agudizando además la división entre la etnia albanesa —mayoritariamente partidaria del acuerdo— y la macedonia, así como dentro de esta última.

El primer ministro Zaev sigue decidido a sacar adelante el acuerdo. Poco después del referéndum, su gobierno presentó una propuesta de reforma constitucional en la Sobranie. Para tener éxito, necesitaba el apoyo de dos tercios de los diputados[4], y —para sorpresa de muchos— finalmente lo consiguió[5]. Inmediatamente después de la votación, la dirección del VMRO expulsó a siete de sus diputados que habían apoyado los acuerdos, acusándolos de traición.

En el momento de finalizar este artículo, el ejecutivo de Zaev está a dos votaciones de asegurar las enmiendas constitucionales: primero, por mayoría simple en las próximas semanas, y después otra que requiere una mayoría de dos tercios. La ratificación por el parlamento griego, último paso tras la entrada en vigor definitiva de los Acuerdos de Prespa, debería producirse poco después.

Conclusiones

La derrota en las elecciones de diciembre de 2016 fue un revulsivo para el VMRO, cuya credibilidad y legalidad a ojos del electorado se habían hundido durante los diez años de Gruevski en el poder. Su ataque a las libertades y el Estado de Derecho, y la transformación de la corrupción en modus operandi del gobierno, deslegitimaron a su ejecutivo; que quedó aún más dañado por el creciente descontento social y el protagonismo de la revolución ciudadana. A esto se añadió la escasa tolerancia de Gruevski en las negociaciones con la plataforma albanesa —con un papel clave en la formación de una coalición tras las elecciones—, que hicieron al antes aliado del VMRO, el DUI, volverse en su contra y dar su apoyo a Zaev.

Dos años después, Macedonia se encuentra en una encrucijada entre su pasado y su futuro, pero más dividida que nunca. Los Acuerdos de Prespa son lo más cerca que el país ha estado de una resolución de la «cuestión del nombre», y por tanto, de su posible entrada en el club euroatlántico; aunque se encuentran con la oposición de un amplio sector de la sociedad, encabezado por el VMRO. El fiasco del referéndum de septiembre ha acentuado la posición del partido de Mickoski como el único que de verdad estaría velando por los intereses de Macedonia y protegiendo su identidad… aunque solo a ojos de su propio electorado. Mientras tanto, a pesar de todo, el partido se está debilitando, perdiendo apoyos y cayendo cada vez más en el aislamiento.

Notas

[1] El movimiento se usó también como plataforma de protesta contra el proyecto gubernamental «Skopje 2014»: una costosa reforma arquitectónica del centro de Skopje, financiada con fondos públicos e inmersa en acusaciones muy extendidas de corrupción.

[2] Particularmente importante en este proceso fue el papel de Hoyt Yee, vicesecretario de Estado adjunto de EE.UU.

[3] Una de estas ocasiones fue la Cumbre de Bucarest de la OTAN en 2008, en la que el veto griego impidió que la Alianza invitase a Macedonia a convertirse en miembro. Este episodio generó una indignación nacionalista masiva en el país.

[4] Para lograr esa mayoría y conseguir que se aprobase la propuesta, al menos nueve diputados del VMRO tenían que apoyarla con su voto a favor.

[5] 80 diputados votaron a favor del acuerdo, y 39 en contra.

Bibliografía

Crowther, William (2017), «Ethnic Condominium and Illiberalism in Macedonia», East European Politics and Societies and Cultures, vol. 31, nº 4, pp. 739-761.

Reef, Paul (2017), «Macedonia’s Colourful Revolution and the Elections of 2016: A Chance for Democracy, or All for Nothing?», Südosteuropa, vol. 65, nº 1, pp. 170-182.

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Las opiniones expresadas en estas publicaciones son propias de los autores, y no representan necesariamente la posición de GEurasia.

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