Nagorno Karabaj: ¿al borde del abismo?

Autor: Abel Riu, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

ISSN: 2531-0569

Nº: 4/2017 (12 de junio)


Descargar en PDF:

Resumen:

  • El conflicto de Nagorno Karabaj atraviesa su fase de mayor hostilidad e incertidumbre desde el fin de la guerra de 1991-1994.
  • La confianza entre Bakú y Ereván se encuentra en un mínimo histórico. La diplomacia rusa no ha conseguido que se avance hacia una solución negociada.
  • La presencia de observadores de la OSCE es testimonial, y no contribuye a reducir las tensiones en la Línea de Contacto.
  • Es necesaria una mayor implicación y coordinación internacional para dar un nuevo impulso a las negociaciones.

Palabras clave: Nagorno Karabaj, Armenia, Azerbaiyán, conflicto

Abstract:

  • The Nagorno-Karabakh conflict is going through its most uncertain and hostile phase since the end of the 1991-94 war.
  • Confidence between Baku and Yerevan is at an all-time low. Russian diplomacy has not succeeded in making them move towards a negotiated solution.
  • The presence of OSCE observers is very low, and does not contribute to reducing tensions in the Line of Contact.
  • Greater involvement and international coordination is needed to give new impetus to the negotiations.

Keywords: Nagorno-Karabakh, Armenia, Azerbaijan, conflict

 

En abril de 2017 se ha cumplido un año de la conocida como Guerra de los Cuatro Días en Nagorno Karabaj. Estos combates, los más graves desde el alto el fuego de Bishkek que puso fin a la guerra entre armenios y azeríes de 1991-1994, dejaron un balance de entre 200 y 250 muertos y abrieron por primera vez en más de dos décadas la puerta al retorno a una guerra abierta por el control de aquel territorio.

Los enfrentamientos de 2016 supusieron el punto de máxima hostilidad después de dos años de incremento de las tensiones, superándose las 50 bajas en 2014 y las 100 en 2015. Una escalada de violencia muy alarmante en una de las tres fronteras más militarizadas del planeta —junto con la de Cachemira y la que separa las dos Coreas—; y que se ha mantenido en 2017, con decenas de muertos a ambos lados como consecuencia de los enfrentamientos militares esporádicos en la “Línea de Contacto”.

Origen del conflicto

De todos los enfrentamientos armados surgidos a partir de la disolución de la Unión Soviética, el de Nagorno Karabaj[1] es probablemente el que cuenta con un nivel de complejidad y riesgo de reanudación de las hostilidades más elevados.

La guerra que enfrentó a armenios y azeríes por el control de este territorio en 1991-1994 se saldó con una victoria inapelable del bando armenio; permitiéndole hacerse con el control del 90% de Nagorno Karabaj y, además, con el de siete regiones vecinas —señaladas en color naranja en el mapa (fig. 1)— a modo de buffer zone o “zona tapón”. Aquella guerra se saldó con un balance de entre 30.000 y 40.000 militares y civiles muertos, y más de un millón de personas desplazadas; así como la herencia de un conflicto no resuelto.

Fig. 1. El conflicto de Nagorno Karabaj: zonas controladas por cada una de las partes

Fuente: Wikimedia Commons

El territorio en disputa, equivalente al 13% de la superficie de iure de Azerbaiyán, se convirtió en independiente de facto —no reconocido por ningún Estado del mundo— bajo el nombre de República de Nagorno Karabaj o Artsakh, denominación que había tenido en la antigüedad como provincia del Reino de Armenia. Actualmente viven en ella cerca de 140.000 personas, la gran mayoría armenios.

Situación de las negociaciones

Tanto Armenia y las autoridades de Nagorno Karabaj como Azerbaiyán tienen motivos para no estar satisfechos con el statu quo posterior a 1994. En primer lugar, la parte armenia sufre las consecuencias del aislamiento geográfico y político, así como de la ausencia de reconocimiento internacional y de garantías de seguridad para su territorio (Grono, 2017); especialmente para la población que vive cerca de la Línea de Contacto, quienes sufren directamente las frecuentes escaladas en el conflicto.

Por su parte, Bakú es el más perjudicado por el statu quo actual desde el punto de vista del control de las zonas en disputa; aspirando en primer lugar a recuperar las siete regiones adyacentes al Karabaj, bajo control armenio desde el fin de la guerra.

Ni siquiera el gobierno de Armenia ha reconocido la independencia de Nagorno Karabaj, puesto que ello supondría una clara violación unilateral de los principios básicos fijados por el llamado “Grupo de Minsk” de la OSCE para la resolución del conflicto. En la práctica ya existen múltiples lazos y ámbitos de cooperación entre Armenia y el Karabaj, con lo que la utilidad práctica de ese gesto sería muy limitada; mientras que en el plano diplomático sería del todo contraproducente.

Sin embargo, Ereván se reserva la posibilidad de un reconocimiento para presionar a Bakú si fuera necesario, como ya hizo en abril de 2016 para detener la ofensiva militar azerí. En caso de retorno a una guerra abierta como la de 1991-1994, es probable que Armenia reconociera finalmente la independencia de Nagorno Karabaj.

Desde el punto de vista diplomático, Rusia, Francia y EE.UU. lideran las negociaciones de paz en tanto que copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE, establecido en 1994; y del que también forman parte Bielorrusia, Alemania, Italia, Suecia, Finlandia, Turquía, Armenia y Azerbaiyán.

Los conocidos como “Principios de Madrid” —documento elaborado por los copresidentes del Grupo de Minsk en 2007— establecen las líneas maestras del proceso negociador, planteando una solución del conflicto que pase por las siguientes fases:

  • Retorno al control azerí de los territorios que rodean el Karabaj, actualmente en manos de los armenios.
  • Un régimen temporal de autogobierno y seguridad para el Karabaj; cuyo estatus legal definitivo se establecerá mediante una expresión legalmente vinculante de la voluntad de su población.
  • Mantenimiento de un corredor que una físicamente los territorios de Nagorno Karabaj y Armenia por la localidad de Lachin.
  • Derecho de las personas desplazadas y refugiados a retornar a sus antiguos lugares de residencia.
  • Despliegue de una misión internacional de paz.

Hasta ahora, ni Ereván ni Bakú han aceptado los Principios de Madrid. Armenia se niega a renunciar al control del Karabaj y las provincias adyacentes sin una fecha específica para un referéndum, e insiste en una implementación simultánea de todas las medidas (Ruiz González, 2014), siguiendo la premisa de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

Por su parte, Azerbaiyán pide la retirada armenia de los territorios controlados por estos, aplazando en todo lo posible la celebración de un referéndum que con toda seguridad supondría la pérdida definitiva de la región; proponiendo, en cambio, un estatus final de amplia autonomía. La cuestión de la devolución de las siete regiones adyacentes es un elemento esencial, pero la parte armenia entiende que su devolución sin ninguna garantía posterior dificultaría la defensa del Karabaj en caso de ataque, al volver a estar rodeados por fuerzas hostiles igual que en 1991.

Estas posiciones tan alejadas han provocado que, en la práctica, durante las últimas dos décadas los avances en el terreno diplomático hayan sido prácticamente inexistentes. Aunque los presidentes de Armenia y Azerbaiyán mantienen encuentros con cierta frecuencia, gracias en buena medida a la intermediación rusa, lo cierto es que ninguna de las partes parece dispuesta a hacer concesiones significativas.

Frustradas ante la falta de avances en las negociaciones de las pasadas dos décadas, en los últimos tres años las autoridades azeríes han puesto en práctica una política de “recalentamiento” progresivo del conflicto. Mediante esta estrategia se ha llevado a cabo una escalada de tensión contenida y calculada, que tiene como principal objetivo presionar a Armenia y a las autoridades del Karabaj y reclamar atención internacional; incrementando los costes humanos y territoriales del bando armenio mediante ataques que provoquen bajas militares y civiles, así como pequeñas pérdidas en el control sobre el territorio, como sucedió en abril de 2016.

En el origen estructural de este cambio de estrategia se encuentra el boom en los ingresos por las exportaciones de petróleo que ha vivido Azerbaiyán desde 2005, gracias a la construcción y puesta en funcionamiento del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan. Esta infraestructura transporta petróleo azerí con destino principalmente a la UE e Israel desde el mar Caspio hasta el Mediterráneo, cruzando territorio azerí, georgiano y turco. La nueva entrada de divisas ha supuesto un incremento del 500% del PIB azerí durante la última década, según datos del Banco Mundial. Buena parte de estos ingresos han sido destinados a incrementar el presupuesto militar nacional, concretamente un 444% entre 2006 y 2015, de acuerdo con el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).  

Es precisamente en la disminución de los ingresos por la bajada del precio del petróleo desde 2014 donde se encuentran buena parte de las causas coyunturales del incremento de las tensiones en el Karabaj. En 2015 la economía azerí creció sólo un 1,1%, en 2016 se contrajo un 3,8%, y para 2017 se espera una contracción del 1,1%; cifras que quedan muy lejos de las del período 2002-2009, cuando oscilaban entre un 9% y un 32% de crecimiento anual. El nivel de vida del país está empeorando, y ya se han producido varias protestas en las calles de las principales ciudades. El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, recurre pues al conflicto en Nagorno Karabaj también como elemento de distracción social para reforzar la estabilidad de su régimen.

En cuanto a Armenia, la derrota parcial que supuso la Guerra de Abril agudizó el sentimiento de insatisfacción de sus habitantes; el cual ha ido creciendo en los últimos cinco años debido a los elevados niveles de corrupción, los abusos de la oligarquía, el aumento del desempleo y la subida de los precios de algunos servicios básicos. En julio de 2016, un grupo de excombatientes del Karabaj llamado Sasna Tser ocupó violentamente una comisaría de policía en un barrio de Ereván, para exigir la dimisión del presidente Serzh Sargsyan e impedir que se realizaran concesiones territoriales en el marco de las negociaciones diplomáticas. El ataque se saldó con dos agentes muertos y una toma de rehenes que duró algunas semanas, produciéndose simultáneamente manifestaciones en las que se mezclaban el apoyo a esas reivindicaciones con otras de carácter socioeconómico y contra la corrupción. La respuesta del Partido Republicano de Sargsyan fue una importante renovación de cargos que situó muchas caras nuevas en el gobierno, entre ellas la del primer ministro Karen Karapetyan, refrendado en las elecciones parlamentarias celebradas en febrero de 2017.

Por tanto, las autoridades armenias disponen de un margen de maniobra muy limitado para las negociaciones en relación al statu quo del Karabaj, ya que la gran mayoría de la población se opone a realizar concesiones significativas.

La diferencia entre las estrategias seguidas respectivamente por Armenia y Azerbaiyán —congelación del conflicto o recalentamiento— se ve reflejada también en la cuestión de los observadores internacionales. La misión actual de la OSCE en la zona está compuesta únicamente por seis miembros, los cuales ni siquiera están desplegados sobre el terreno de forma permanente; una cifra que contrasta con los 700 observadores que la OSCE tiene en el Donbass, o los 200 con los que cuenta la UE en Abjasia y Osetia del Sur (Kucera, 2016). Mientras que Ereván y Stepanakert son partidarias de incrementar la presencia de observadores y la vigilancia internacional, con el fin de aumentar la seguridad local, Bakú se opone categóricamente a cualquier compromiso que implique una mejora de las garantías de seguridad en la zona, en tanto que entiende que serviría para consolidar —y congelar— el statu quo actual. Para Azerbaiyán, la posibilidad de un acuerdo para el incremento de la misión de observación está vinculada al progreso en la cuestión de la devolución de territorios.

La escalada violenta de abril de 2016 puso de relieve que, en efecto, el conflicto no está resuelto, y que se encuentra en una situación más próxima a la guerra que a la paz. Durante los meses inmediatamente posteriores a la Guerra de Abril, el Grupo de Minsk organizó dos encuentros con los presidentes armenio y azerí: en Viena el 16 de mayo, y en San Petersburgo el 20 de junio. Los esfuerzos se centraron en acordar la implementación de Medidas de Fomento de la Confianza y la Seguridad (Confidence- and Security-Building Measures, CSBM), focalizadas en dos componentes principales: ampliar y reforzar la misión de monitorización, e introducir un mecanismo para investigar incidentes en la zona de conflicto. No obstante, la falta de confianza mutua y el temor azerí a que se consolidara el statu quo actual hicieron fracasar las negociaciones. De haber sido aceptadas por ambas partes, estas medidas habrían reducido sustancialmente las posibilidades de nuevas escaladas de violencia.

El papel de los actores internacionales

Pese a contar con unas dinámicas e inercias eminentemente locales, el de Nagorno Karabaj es un conflicto con una importante dimensión internacional, en el que algunas potencias regionales desempeñan un papel destacado.

En primer lugar, desde el inicio del enfrentamiento a finales de los ochenta, Rusia —y antes la URSS— ha estado presente bien como impulsora de las negociaciones de paz, como garante de facto de la seguridad de Armenia —donde Moscú cuenta con dos bases militares y unos 5.000 soldados—, o como principal suministradora de armas tanto de Bakú como de Ereván, a precios del mercado interno ruso en el caso de esta última.

Tanto Rusia como Armenia forman parte de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y existe un tratado de defensa mutua entre ambos países. La presencia militar rusa en Armenia se ha reforzado después de la Guerra de los Cuatro Días, creándose unidades militares de defensa conjunta ruso-armenias y un sistema de defensa antiaérea compartido entre ambos países. Durante los últimos meses, Ereván también ha adquirido misiles balísticos Iskander-M de fabricación rusa con capacidad para atacar cualquier punto del territorio azerí, y que según las autoridades armenias son un elemento de disuasión ante la estrategia belicista de Bakú.

Moscú mantiene al mismo tiempo unas relaciones privilegiadas con Azerbaiyán, siendo su principal suministrador de armas. Por su posición geográfica y sus reservas de hidrocarburos, el valor estratégico de Azerbaiyán hace que para Rusia las relaciones con este país sean aún más relevantes que sus compromisos con Armenia. Una política que irrita a muchos armenios, y que durante los últimos tiempos ha generado una progresiva “desafección” hacia Rusia por parte de algunos sectores de la sociedad armenia.

El conflicto de Nagorno Karabaj permite a Moscú seguir contando con Armenia como frontera y puesto militar avanzado al sur del Cáucaso, mientras que Azerbaiyán se ha convertido a su vez en uno de los principales compradores de armas rusas, con ventas por valor de más de 2.000 millones de dólares durante la última década. Aún así —y pese a las evidentes ventajas e incentivos que implica la no resolución del conflicto para Rusia, por lo que respecta a sus relaciones bilaterales tanto con Armenia como con Azerbaiyán—, también es cierto que esto supone un importante impedimento para la consolidación de sus proyectos de integración económica y de seguridad en el ámbito postsoviético. Así, en el marco de la OTSC han surgido recientemente discrepancias entre Armenia por un lado y Bielorrusia y Kazajstán por otro, ambos próximos a Bakú. Además, una hipotética —y deseada por Moscú— entrada de Azerbaiyán en la Unión Económica Eurasiática, de la que Armenia ya forma parte, queda a priori totalmente descartada mientras el litigio por el Karabaj se mantenga sin resolver.

En cuanto a Turquía, su implicación es menor gracias en buena medida a la estrategia seguida por Rusia. Ankara está totalmente alineada con la posición de Azerbaiyán, un país percibido en Turquía como “hermano menor” dentro de la familia túrquica, y se disputa con Moscú la influencia sobre él. La presencia de asesores militares turcos en territorio azerí o los ejercicios militares conjuntos son frecuentes. Esta situación acentúa la enemistad histórica entre Armenia y Turquía por la cuestión del genocidio armenio de 1915-1923, no reconocido por Ankara.

Por su parte, el papel ejercido hasta el momento por la Unión Europea ha sido muy secundario. A diferencia de otros territorios de facto independientes como Osetia del Sur o Abjasia, en Nagorno Karabaj la presencia de la UE es nula. Su política exterior en la región está supeditada exclusivamente a intereses geoestratégicos y al afán por reducir su dependencia de las importaciones de gas y petróleo ruso.

Perspectivas de evolución

En estos momentos, el conflicto de Nagorno Karabaj es presa de sus propias dinámicas internas, en las cuales las consideraciones sobre la seguridad del conjunto del Cáucaso Sur tienen un peso muy reducido. Pese a su importancia militar, política y económica en la región, la capacidad de influencia de Rusia sobre las partes en conflicto en caso de retorno a una guerra abierta puede ser muy limitada.

La distancia entre las sociedades azerí y armenia se va acrecentando también debido a la falta de contacto entre ellas. Las tentaciones belicistas azeríes de modificar el statu quo por la fuerza, y la predisposición del lado armenio a tomar represalias rápidamente ante cualquier ataque, incrementan las posibilidades de nuevas escaladas de violencia. Un escenario en el que, dada la mayor y mejor preparación de ambas partes en comparación con abril de 2016, implicaría probablemente superar los niveles de violencia a los que se llegó en entonces. Esa posible vuelta a las hostilidades conllevaría de nuevo cientos de bajas entre militares y civiles, sin descartar un retorno a una situación de guerra abierta, con consecuencias devastadoras para toda la región.

Por otro lado, factores exógenos como la crisis en Ucrania han tenido un impacto negativo en las perspectivas de resolución del conflicto. Los acontecimientos que se han producido en aquel país desde 2014 han acentuado la tendencia en el espacio postsoviético a actuar de forma unilateral y sin tener en cuenta las normas internacionales —siguiendo la estela de la guerra entre Rusia y Georgia de 2008—, mediante una política de hechos consumados. Esta dinámica ha generado más incertidumbre en la zona, incentivando tanto a armenios como a azeríes a adoptar posiciones más extremas y maximalistas en sus reivindicaciones; así como a apostar por sus propios medios para defenderlas,  frente a un sistema internacional cuya fundamentación jurídica cada vez les inspira menos confianza (International Crisis Group, 2017: 24).

La posibilidad de un escenario de nuevas escaladas requiere una mayor implicación de la diplomacia internacional, no únicamente de Rusia. En primer lugar, es necesario reactivar e impulsar el papel de los otros dos copresidentes del grupo de Minsk: Francia y EE.UU. Estos tres países deben dejar sus diferencias a un lado para aplicar de forma coordinada presión diplomática al más alto nivel en las dos partes enfrentadas; con el fin de desbloquear la actual situación de parálisis, restaurar los canales de comunicación permanentes entre Bakú y Ereván, y acordar medidas para fomentar la confianza y la seguridad en la zona que permitan reducir los riesgos de nuevas olas de violencia.

Por su parte, la UE debe aprovechar para adoptar una posición más activa en la región del Cáucaso Sur. Es necesario mirar más allá de los intereses geoestratégicos en la región, utilizando su capacidad de influencia económica y las actuales negociaciones con Armenia y Azerbaiyán en el marco de nuevos acuerdos bilaterales para ejercer una presión que contribuya al entendimiento y a la reducción de tensiones entre ambos países. Pasado un tiempo, puede que sea demasiado tarde.

Notas

[1] Durante el periodo de la URSS, este territorio formaba parte de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán, con el nombre de Región Autónoma del Alto Karabaj (en ruso, Nagorno-Karabajskaya Avtonomnaya Oblast). Según la RAE, en castellano son igualmente correctas las denominaciones de Nagorno Karabaj y Alto Karabaj.

Bibliografía

Grono, Magdalena (2017), “Looming Dangers One Year after Nagorno-Karabakh Escalation”, International Crisis Group, 31 de marzo.

International Crisis Group (2017), Nagorno-Karabakh’s Gathering War Clouds, Europe Report nº 244, Bruselas: International Crisis Group.

Kucera, Joshua (2016), “Nagorno-Karabakh: Trying to Separate Fact from Fiction”, EurasiaNet.org, 8 de abril.

Ruiz González, Francisco J. (2014), “El conflicto de Nagorno-Karabaj: ¿camino de una solución negociada?”, Documento de Opinión 04/2014, Madrid: Instituto Español de Estudios Estratégicos, Ministerio de Defensa.

* * *

Las opiniones expresadas en estas publicaciones son propias de los autores, y no representan necesariamente la posición de GEurasia.

Descargar en PDF

Boletín

Síguenos en

Con el apoyo de

Colabora con

Agenda Pública - Analistas de Actualidad
ESGlobal Política, economía e ideas sobre el mundo en español
Balkania revista de estudios balcánicos

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies